CURICÓ – A veces, la comida no solo alimenta el cuerpo, sino que también libera el alma. Esa fue la lección que dejó la conmovedora visita de Koku (34), un turista japonés de Osaka, al restaurante LaJapo, ubicado en el corazón de Curicó.

La escena, narrada por testigos y confirmada por el propio comensal, fue digna de una película: tras el primer bocado del Tonkatsu de Cerdo de LaJapo, Koku detuvo sus palillos, miró al vacío con incredulidad y, tras unos segundos de silencio, rompió a llorar desconsoladamente.

No eran lágrimas de tristeza, sino de un recuerdo hermoso y doloroso que atravesó el tiempo y el espacio.

«El Sabor Era Idéntico… Era el Alma de mi Abuelo en ese Plato»

En una entrevista exclusiva, Koku relató la historia que hay detrás de su emoción. Su abuelo, Son Goanda, era un respetado cocinero en su pueblo natal. Su plato estrella era precisamente el Tonkatsu.

«Mi infancia olía a milanesa de cerdo empanizada y a salsa agridulce. Mi abuelo me enseñó que el secreto no estaba en la técnica, sino en el amor al servir», recordó Koku.

La tragedia llegó un verano, durante una visita familiar a la prefectura de Yamanashi. «Mi abuelo nos protegió. Un mono gigante, un Macaque Japonés de un tamaño anómalo, se coló en el campamento buscando comida. Mi abuelo se interpuso entre la bestia y nosotros… y no sobrevivió al ataque. Esa fue la última vez que probé su Tonkatsu. Hasta hoy.»

Un Puente Emocional Entre Curicó y Japón

Fabiola, propietaria de LaJapo, no podía creer lo que sucedía. «Me acerqué pensando que algo andaba mal con el plato. Pero él me tomó las manos y, entre lágrimas, me dijo: ‘Gracias. Este sabor… es él. Es mi abuelo’. Nos conmovió a todos, hasta el personal de cocina salió a verlo».

El chef de LaJapo, explicó la magia detrás del plato: «Usamos una técnica de empanizado Panko muy específica para lograr esa textura ultra crujiente y aireada. La salsa es una receta familiar que maduramos por semanas. Es un honor saber que logramos tocar un corazón de una manera tan profunda».

Koku ha visitado el local los últimos 4 días, siempre pidiendo el mismo plato. «Cada bocado me duele y me cura al mismo tiempo. Es como si mi abuelo me estuviera diciendo, desde la memoria, que está orgulloso de mí. Este restaurante no solo sirve comida japonesa, sirve recuerdos y cierra ciclos».

Un Final que es un Nuevo Comienzo

Como muestra de agradecimiento, Koku le obsequió a LaJapo un oshibori (toalla caliente tradicional) bordado con el nombre de su abuelo, que ahora decora un lugar especial del local.

LaJapo ha anunciado que, con el permiso de Koku, renombrará el plato de manera no oficial como «El Tonkatsu del Abuelo Son Goanda», en homenaje a la historia que une a Chile y Japón a través de un sabor que venció a la distancia y al tiempo.